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A la gente cada vez le cuesta mas llorar en público. Y mucho me temo que la mayoría de la gente ya no llora ni en la intimidad. Como si el que mas o el que menos no tuviéramos motivos.

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La vida actual está llena de cosas que nos invitan a reír y a olvidar las penas, aunque muchos de estos inventos sean absolutamente patéticos.  De todos ellos el más antiguo es sin duda el lenguaje. La palabra no sirve en muchas ocasiones  más que para disfrazar los sentimientos hasta casi ocultarlos.

Mi abuela, que era una persona muy risueña que se pasaba el día canturreando por lo bajini, se sentaba todas las tardes a rezar el rosario en un rinconcillo de mi casa, mirando a través de la ventana a la gente que esperaba en la parada del autobús que había enfrente de mi calle.

En una ocasión me pareció oírla sollozar y al preguntarle qué le pasaba me dijo para tranquilizarme que no pasaba nada, que era su costumbre: cada tarde lloraba un ratillo por toda la gente que se le había marchado y por todas las penillas que llevaba dentro. Según me explicaba, mientras observaba el ir y venir de la gente en la parada del autobús, rememoraba y evocaba tantas despedidas, tantos abrazos, y tantos amores que durante su existencia habían partido en el autobús de la vida, pero también se regocijaba del beso apasionado de bienvenida, del feliz reencuentro y de la gente que sin cesar siempre está llegando a tu corazón.

Me decía todo esto y no tenía pudor de sus lágrimas. Ni de su risa. Cada tarde lloraba un ratito pequeño como el que va al gimnasio para estirar los músculos. Ella, quizás sin saberlo, estiraba cada tarde el único músculo que  no tiene dueño, el músculo de la emoción. 

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El resto de día?……, el resto del día seguía canturreando por lo bajini.  Se llamaba Carmen. Tenía la mirada azul y el pelo como una nube, y una vez, cuando fui a recogerla a la Estación de Francia después de mucho tiempo sin vernos, al preguntarle si me reconocía, me dijo abrazándome en el anden….

ni que pases disfrazao

te tengo que conocer

por el tiempo que has estao

prisionero en mi querer.

Esas eran las cosillas de mi abuela.    

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Como presentación no se me ocurre nada mejor que escribir aquí las definiciones que he encontrado en los diccionarios sobre las palabras que dan nombre a este blog.

De entrada el Diccionario de la Real Academia Española dice de “alcancía” que se trata de <una vasija comúnmente de barro, cerrada, con una sola hendidura estrecha hacia la parte superior, por donde se echan monedas que no se puden sacar sino rompiendo la vasija>

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Por lo que respecta a la palabra “charnego”, y también según la R.A.E. se trata de un término despectivo que proviene del Catalán “xarnego” y este a su vez de la palabra “lucharniego” y que significa <inmigrante de una región española de habla no catalana>.

No obstante, y ateniéndonos a su origen, consultamos el término “xarnego” en El Gran Diccionari de la Llengua Catalana donde podemos leer lo siguiente: 

  [c. 1490; del cast. lucharniego, aplicat a gossos ensinistrats a furetejar de nit, dissimilació d’un ant. nocherniego o nocharniego ‘que surt de nit’, der. de *nochorno, ll. nocturnus ‘nocturn’; el pl. del mot fou alterat en los charniegos; el mot passà a Catalunya i a França amb el sentit d’una ‘raça de gos’. En gascó charnègo, charnègon, charnègue prengué el sentit de ‘mestís, bord, no autòcton, inadaptat al país’, sentit que passà al cat]
  1 m i f desp 1 Fill d’una persona catalana i d’una de no catalana, especialment francesa.
    2 Persona de llengua castellana resident a Catalunya i no adaptada lingüísticament al seu nou país.
  2 m ant Gos coniller

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